La guerra en Siria (parte I)

III.- PANORAMA POLÍTICO-RELIGIOSO.

   1.- Antecedentes históricos:

   Para poder entender lo que está ocurriendo desde hace décadas en Oriente Próximo -con notoria relevancia en la actual guerra siria- hay que tener en cuenta -a mi juicio- dos factores determinantes: la pluralidad del islam en cuanto al expansionismo y la instrumentalización política del islamismo frente a la llamada Causa Árabe.

   Brevemente (y sin ánimo de exhaustividad, más por desconocimiento que por falta de interés): la religión islámica se divide básicamente en dos corrientes, suníes y chiíes, en proporción 85% y 10% básicamente -además de otras corrientes minoritarias como los jariyíes-. La diferencia existente entre ambas corrientes se encuentra en nada más y nada menos que en el año 656, fecha en la que Ali ibn Abi Talib, primo y yerno del propio Mahoma reclamó sus derechos sucesorios y fue elegido cuarto califa, pero no por unanimidad. A él se enfrentó Mu’awiya, que venció en la Batalla de Siffin en el año 657 y se proclamó califa. Los partidarios del primero recibieron el nombre de Shiat ‘Ali (partido de Ali) -hoy chií-, y consideraron a todos los califas posteriores a éste como usurpadores. Por su parte los sunnitas deben su nombre a la devoción practicada por la Sunna, colección de dichos y hechos atribuidos a Mahoma, además de al Corán.

   Si bien la inmensa mayoría del mundo islámico se adscribe a la corriente sunnita, es imprescindible entender que en Líbano el chiismo es la corriente mayoritaria dentro de la población musulmana (en torno al 32% de la población total), rama a la que se adscribe Hezbollah; y que Irán mantiene como religión oficial del Estado el islam chií. En el mismo sentido, conviene no olvidar que el Presidente de Siria, Bachar al-Asad es alahuita, corriente emparentada con la rama chií, a la que se adscribe aproximadamente el 15% de la población siria (de mayoría sunní).

   Además de lo anterior, no se puede caer en la percepción de que el terrorismo salafista se corresponde con el sunnismo, esto es, con la rama mayoritaria del islam, pues la corriente salafista o wahhabita (término despectivo para sus seguidores) es una corriente interna del fiqh o Escuela Hanbalí, que a su vez solo es una de las cuatro escuelas principales del sunnismo. En este sentido hay que tener presente que la familia al-Saud gobernante en Arabia Saudí se adscribe a esta facción extremista del islam

   Hechas las anteriores consideraciones, vamos a analizar lo que fue -y sigue siendo- la llamada Causa Árabe o panarabismo y su distinción con el expansionismo de corte islamista.

   El panarabismo tiene sus orígenes en la década de 1930 con el desmembramiento del Imperio Otomano como telón de fondo, compitiendo ya ad initium tanto con las corrientes panislamistas de origen religioso como con el nacionalismo local de los distintos Estados árabes. En este sentido cabe recordar que buena parte de los regentes en esos nuevos Estados debían su posición a la intervención occidental en el trazado de las fronteras árabes, actuando en gran medida como meros protectorados asistidos y orientados por las metrópolis europeas.

Si bien el panarabismo es una corriente heterogénea compuesta por multitud de visiones y atravesada por un gran número de intereses diversos -y a veces contrapuestos-, sí podemos destacar tres rasgos de esta corriente política que tuvo su auge entre los años 40 y los años 70: nacionalismo popular antiimperialista, secularismo del movimiento y una innegable inspiración socialista. Los tres elementos forman una conjunción importantísima: se trata de un movimiento de reacción al intervencionismo extranjero en su territorio, esto es, autorreferencial; es independiente de las adscripciones religiosas, aunque no de ciertos componentes culturales vinculados al islam que se han trasladado a la propia idiosincrasia nacional; y en su ADN está el llamado socialismo árabe, que no es marxista -o no en su totalidad- pero sí incorpora ciertos elementos de esa idiosincrasia nacional que ha bebido a su vez de la religión islámica. Es más fácil entender este componente religioso indirecto si asumimos que la cultura europea incorpora en sus pilares el pensamiento cristiano -o, mejor, judeocristiano-, sin que ello suponga un abandono del laicismo pero sí un trasvase de la cultura cristiana a los pilares políticos y morales de nuestra cosmovisión del mundo.

Para entender hasta qué punto es importante esta distinción entre el arabismo y el islamismo, una anécdota: el día del atentado del 11-S todavía se encontraban referencias en los telediarios -y en la opinión pública- al terrorismo árabe, que no islamista. Esta cuestión plantea un notable punto de inflexión en nuestra percepción de lo que ocurre en los países árabes, pues en la actualidad asumimos por lo general que toda la historia de la lucha armada árabe se circunscribe al islamismo, y esto supone un error garrafal. Por ejemplo, se considera que los “inventores” del terrorismo actual son Wadi Haddad y George Habbash, fundadores del Frente Popular para la Liberación de Palestina que protagonizó los primeros secuestros de aviones civiles en el contexto de la lucha palestina contra el Estado sionista de Israel. Pues bien, tanto Haddad como Habbash comparten ciertos rasgos comunes: ambos eran palestinos, ambos eran médicos y ambos eran cristianos.

   El Movimiento Nacionalista Árabe, que recogía los elementos descritos anteriormente, mantenía una tensión constante entre dos particularidades intrínsecas de sus planteamientos: aquellos que primaban el carácter socialista -incluso marxista- del movimiento, cuyo máximo exponente podríamos situarlo en el Dr. Habbash, y quienes primaban el carácter nacionalista-panárabe, cuyo máximo exponente -y creador de toda una corriente de pensamiento- fue Gamal Abdel Nasser, Presidente de Egipto entre 1956 y 1970. La importancia de este último y de los planteamientos árabes contrarios al imperialismo europeo es clave para entender el peligro que entrañaban para los intereses imperialistas: en septiembre de 1956 decretó la nacionalización del Canal de Suez, provocando la reacción militar de Francia y Gran Bretaña -principales accionistas de la compañía propietaria del Canal- que desembocó en la Guerra del Sinaí. Cabe añadir a esta cuestión que Israel aprovechó el momento para desplegar sus tropas en la península. Este hecho constituye un hito histórico: el declive de la presencia colonialista de Francia y Gran Bretaña y la “reducción” del conflicto a la guerra por las posiciones estratégicas mantenida entre la Unión Soviética y los Estados Unidos. Si bien ambas superpotencias dijeron rechazar la intervención militar francobritánica, lo cierto es que la URSS se erigió en principal valedora de la Causa Árabe -que, por otro lado, fue clave en la creación del no-alineamiento durante la Guerra Fría-.

   2.- El Partido Baaz y el Gobierno sirio:

   Dentro de toda esta corriente heterogénea conocida como nacionalismo árabe destaca por su importancia el Partido Ba’at (o Baaz), cuyo nombre completo es Partido del Renacimiento Árabe Socialista. Esta organización fue fundada como partido panárabe con ramas en diferentes países, resaltando su importancia tanto en Siria como en Irak -facciones luego enfrentadas-, países en los que accedió al poder: en Siria, desde 1963 hasta la actualidad -pese a tener un sistema formal de partidos-; en Irak, brevemente en 1963 y posteriormente desde 1968 hasta 2003, fecha en la que la invasión estadounidense y británica lo ilegalizaron y persiguieron, aniquilando a la principal fuerza política y militar -tenía gran implantación en el ejército- de carácter laico en el país. Error que todavía a día de hoy estamos pagando.

   Centrándonos ya en el objeto de este artículo, vamos a hacer una apreciación de la situación política en la República Árabe Siria: el Partido Baaz es el partido con mayor implantación en el Estado sirio, habiendo dirigido la construcción del mismo desde 1963 hasta la actualidad. Si bien la Constitución siria recogía la concepción de esta formación como “principal partido de la sociedad y el Estado”, esta definición fue retirada en el texto constitucional refrendado el 26 de febrero de 2012. A día de hoy, el Partido Baaz ocupa 134 de los 250 escaños del parlamento sirio junto a otros cinco partidos -el llamado Frente Nacional Progresista-.

   Desde la llegada al poder del Partido Baaz, el Gobierno sirio ha resistido de forma obstinada a toda forma de intervención económica occidental, manteniendo su soberanía prácticamente intacta en lo referente a capacidad para el autoabastecimiento alimentario, industrial y financiero; carece de deuda pública externa -lo que le pone fuera del alcance de los centros de control económico- y no ha perdido el control sobre los sectores económicos más importantes.

   En lo referente a política internacional, Siria he devenido en tradicional aliado de Rusia en la región, que mantiene en este país una base militar -Base Naval de Tartus- desde 1971. Si bien el gobierno sirio era opuesto al iraquí, estuvo en contra de la invasión estadounidense y británica. Además de lo anterior, es un enemigo tradicional de las monarquías del Golfo Pérsico. En lo referente al Estado sionista de Israel, Siria ha venido apoyando a las fuerzas palestinas (como Hamas y el FPLP) y a Hezbollah en el vecino Líbano.

Enlazo aquí una entrevista realizada al Coronel Pedro Baños Bajo, quien fuera entre 2002 y 2005 Jefe de Contrainteligencia y Segridad del Cuerpo de Ejército Europeo, en la que dice cosas como ésta respecto al Gobierno sirio: “En mi opinión, lo que ocurrió en Túnez en el año 2011 no tenía detrás motivaciones ideológicas o políticas, sino solamente unas reivindicaciones sociales y económicas. Por el contrario, lo que comenzara a suceder en Siria apenas unos meses después de las primeras revueltas en Túnez, de ninguna manera es algo espontáneo: se trata de un proceso absolutamente dirigido, manipulado e instrumentalizado desde el exterior.

¿Por qué? Porque, desde el punto de vista de Estados Unidos, Bashar al-Asad se había convertido en el máximo responsable de un país paria, de un país irresponsable que, según el Departamento de Estado, apoyaba el terrorismo, que intervenía en Líbano, que amenazaba a Israel y que apoyaba a organizaciones terroristas como Hezbolá. Además, el partido Baaz de Bashar al-Asad defendía un socialismo muy particular, marcadamente anticapitalista, panarabista y, por supuesto, enfrentado con las monarquías del Golfo, no solamente porque éstas sean sunitas sino, sobre todo, porque son rigoristas. Hay que tener en cuenta que Bashar al-Asad y su grupo étnico son alauitas (rama chiita) que están enfrentados históricamente con los sunitas”.

   En cuanto a la composición étnico-religiosa de Siria, hay que destacar la enorme pluralidad -que también es algo propio de la región debido a la delineación de sus fronteras-. Por no repetir la cuestión religiosa expuesta más arriba, sí que interesa hablar de un nuevo agente en el conflicto, especialmente interesante a la hora de determinar el juego de alianzas que se da en Siria: el pueblo kurdo. Esta nación sin Estado ha sido pérfidamente perseguida tanto por el Estado turco como por Irak -fundamentalmente-, amén de que su partido de vanguardia y principal expresión armada en Turquía -el PKK- ha sido incluido en el listado de organizaciones terroristas de EE.UU. y la UE a petición expresa de Turquía.

Más adelante veremos la participación de la población kurda en el conflicto sirio y las implicaciones internacionales que ello conlleva, baste adelantar en este punto que las YPG (Yekîneyên Parastina Gel), brazo armado del Comité Supremo Kurdo del Kurdistán sirio y del PYD (Partiya Yekîtiya Demokrat) -hermanado con el perseguido PKK- están en la actualidad desarollando una gesta contra el DAESH. Mención aparte merecen las Yekîneyên Parastina Jinê, milicia compuesta exclusivamente por mujeres que se ha ganado un hueco en la Historia. 

   3.- El islamismo como proxie imperialista:

   Hasta hace apenas unas semanas, cualquier mención al uso del islamismo radical por parte del imperialismo occidental en general y estadounidense en particular, venía siendo considerado algo propio de la llamada “izquierda illuminati”, como si de una conspiración absurda se tratase.

A fecha de hoy, sabemos perfectamente que desde los tiempos en que el Senador republicano Charlie Wilson consiguió desviar fondos reservados para armar a los muyahidines afganos contra el gobierno pro-soviético, esa instrumentalización del salafismo por parte especialmente de los Estados Unidos se ha convertido en una práctica recurrente. Este hecho no solo no ha sido ocultado por la Administración yanqui, sino que incluso ha tenido su efecto en la cultura popular. Véase en la imagen la feliz dedicatoria presente en los créditos finales de la película Rambo III.

   En este punto resulta interesante reproducir lo que dice David Harvey en 2003 (El nuevo imperialismo, 2003, pp. 10 y 11): “Desde que Bush aterrizó en Iraq con la satisfacción del «deber cumplido» han muerto muchos más soldados estadounidenses, lo cual ha generado en Estados Unidos cierta disposición a cuestionarse los motivos y la atroz falta de planificación para la reconstrucción de posguerra de la economía y sociedad civil iraquíes. Una consecuencia positiva es que todas aquellas insinuaciones sobre la prosecución del avance militar hacia Damasco y Teherán se han desvanecido. […]

   Y el repentino interés del gobierno de Bush por establecer bases militares en África (en particular en África occidental y Angola) seguramente tiene más que ver con las sustanciales reservas de petróleo allí existentes que con la excusa ritual de la guerra contra el terrorismo o las preocupaciones humanitarias y la necesidad de hacer frente a la epidemia del sida. Sólo cabe reconocer la imprecisión del panorama global del petróleo, señalado, no obstante, que en cualquier caso Oriente Próximo es una región crucial en relación con la economía global y que la presencia estadounidense enla región, que ha venido aumentando constantemente desde 1945, no disminuirá en el futuro próximo. Gane quien gane las próximas elecciones presidenciales estadounidenses, es muy improbable que Estados Unidos renuncie al proyecto de controlar la región.

Esto plantea la interesante cuestión de cómo puede justificar Estados Unidos su presencia perpetua en la zona. El principal argumento es el estado de inseguridad crónica de la región. A veces parece como si Estados Unidos lo fomentara deliberadamente para justificar su presencia”.

   Una vez planteado el precedente, no puede sorprendernos que a Estados Unidos le pueda volver a ocurrir lo mismo que con Al-Qaeda: armar un peligroso arma contra un enemigo político que acaba deviniendo en boomerang (hecho este del que ya advirtió el Presidente Bachar al-Asad en su momento. 

   Para no volver a repasar lo que ya se ha dicho en los últimos días -insisto, tesis antes consideradadas consparanoicas-, dejo aquí los enlaces de los artículos escritos por Olga Rodríguez en El Diario sobre el particular: Cómo surge el ISIS, cómo se financia, quiénes hacen la vista gorda (1), El paso al frente de Francia, el crecimiento del ISIS, las injerencias (2) y un vídeo sobre Cómo se fomentó el islamismo extremista en detrimento de organizaciones árabes laicas

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