Libertad y Seguridad (parte I)

   A raíz de los recientes atentados cometidos en París por terroristas salafistas se ha trasladado a la sociedad un debate recurrente en los periodos más trágicos de nuestra historia: la necesidad de ponderación entre nuestro sistema de libertades y la eficiencia de las medidas de seguridad.

Antes de cualquier aproximación a este tema cabe señalar que el autor de este blog discrepa totalmente respecto de la posición mantenida por Occidente en Siria, así como de la respuesta de Francia -y de los 27, al fin y al cabo- a los mismos atentados.  

   Este artículo no versa sobre el terrorismo en general, ni sobre los recientes atentados en particular, sino sobre la deriva autoritaria que ha acompañado siempre a las sociedades occidentales en tiempos de pánico generalizado, independientemente de la naturaleza de la amenaza que genera esa situación. 

   Y no, no es que el autor sea un hippie kumbayá que ignore la amenaza yihadista; pero en estos tiempos de locura prefiere sumarse a las voces que apelan a la cordura frente los belicosos intervencionistas que nos han llevado a esta situación.

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La Marsellesa y el Estado

   A causa de los brutales atentados yihadistas en París todos hemos sido testigos de terribles imágenes sobre lo sucedido, pero ha habido una que, no por dramática, ha suscitado multitud de comentarios entre los españoles: la imagen de los espectadores abandonando el estadio al son de La Marsellesa.

   Esta canción, elevada a la categoría de himno universal de los valores liberales y republicanos, también es el himno nacional de Francia desde finales del siglo XVIII, excepto durante los tiempos en que la tiranía antidemocrática volvió a imponerse sobre el pueblo galo (durante el Imperio, la Restauración y la ocupación nazi). Esto no significa que la República Francesa -van por la Quinta- sea un régimen democrático en términos absolutos, pero es obvia la importancia de ese país en la materia.

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El hilo morado de la historia

Porque fueron somos, porque somos serán.

     “La gran tragedia española, que ha sido una constante repetida hasta nuestros días, ha consistido y consiste en que nunca en nuestra Historia el pueblo impuso su poder en la balanza, y ello debido a que su vanguardia dirigía desde arriba a un pueblo pastoreado, alargando hasta la arcada el lema del despotismo ilustrado para, finalmente, consagrar un relato que sigue hoy hasta nuestros días: el pueblo español no se sabe gobernar”.

     “Este es el hilo morado de la historia: el Pueblo que nunca construyó su relato, ni impuso su voluntad, y ahora puja por hacerlo. Y es un relato potente en tanto que compatibiliza el discurso “ciudadanista” con nuestra tradición revolucionaria, sugiriendo que la actualización del republicanismo ciudadano (liberal, ilustrado y pequeño-burgués) ha devenido en un movimiento rupturista de las clases populares”.

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Presentación

   La razón de ser de este blog es superar la limitación autimpuesta de las reflexiones en 140 caracteres e intentar ser menos pesado durante los acalorados debates en mesas de bar y telegram.

   Si bien alguno de los artículos publicados fueron escritos mucho antes de la existencia de este espacio, lo cierto es que este blog nace en crisis:

Crisis económica, estructural y sistémica del capitalismo, que en 2008 únicamente dio el primer aviso de un próximo colapso global.

Crisis democrática provocada por un sometimiento absoluto de los Estados a las estructuras del poder económico.

Crisis política de los movimientos populares que apuestan por un nuevo modelo económico-productivo compatible con la soberanía popular, el feminismo, la solidaridad internacional y la ecología.

Crisis cultural de una Europa incapaz de imponer sus valores históricos a los dictados del mercado.

Crisis ecológica de un planeta al borde de la extenuación.

Crisis demográfica en un mundo donde la mayoría pobre crece exponencialmente mientras los países “desarrollados” se extinguen demográficamente.

   Y por si esto fuera poco, en España estamos a ostias.

Bienvenidas/os al hilo morado de la historia.